El período de adaptación

Hace aproximadamente un mes que ha echado a andar el curso escolar y, como cada año, hemos comenzado con el archiconocido período de adaptación. ¿Sabemos en qué consiste exactamente?

El período de adaptación es el tiempo que necesitan los niños y niñas que llegan por primera vez al cole para familiarizarse con el centro, sus educadoras y nuevos compañeros y compañeras. Es lo que en pedagogía conocemos como pasar del primer ámbito de socialización (la familia) al segundo (que debería ser la escuela).

Las personas adultas tenemos la capacidad de afrontar las nuevas experiencias de un modo pausado y controlado gracias al bagaje emocional que hemos acumulado con los años, pero para los peques de la casa todo es nuevo, así que viven cada cambio con la intensidad propia de quien aún tiene todo por conocer.

Por eso es habitual diseñar una serie de protocolos (de los que hablaremos más adelante) con los que favorecer que tanto los peques, como sus familias y educadoras, desarrollen la confianza que permitirá que todo transcurra como es debido. Al fin y al cabo es el principio de su escolarización, que se va a prolongar durante varios lustros y es una parte fundamental para su desarrollo, por eso merece la pena implicarnos de lleno, aunando esfuerzos y propiciando que se den las condiciones adecuadas para que todo fluya de la forma más sutil y menos traumática posible.

En definitiva, podemos enumerar algunos de los aspectos que hacen este proceso tan importante:

  • Supone un cambio total para el niño o niña.
  • Establecen nuevos apegos ya que conocen a otros niños y niñas y nuevos adultos fuera de la familia.
  • Se mueven en un ambiente nuevo con nuevos espacios y materiales desconocidos.
  • Abandonan las rutinas que hasta ahora marcaban su vida y ven como estas tienen algunas modificaciones.
  • Suele ser la primera separación total de sus padres y madres, pudiendo derivar en problemas de tipo somático (alteraciones del sueño o la alimentación), psíquicos (ansiedad, miedos, envidias) o afectivos y sociales como lloros o resignación.
  • Además, lleva consigo un período de adptación también para los progenitores, ya que si estos se muestran seguros y confiados transmitirán estas sensaciones a los suyos.

¿CÓMO LO PLANIFICAMOS?

Con los padres y madres:

El primer paso es convocar un reunión en la que solo ellos estén presentes para poder hablar y comentar aspectos fundamentales del centro y de este proceso en particular:

  • Hablarán del Reglamento de Régimen Interno del centro.
  • Conocerán a las educadoras que van a atender y educar a sus hijos e hijas.
  • Visitarán las instalaciones del centro educativo.
  • Tendrán una entrevista con su educadora y responderán un cuestionario con el fin de conocer a fondo al peque: personalidad, hábitos y costumbres, estados de sociabilidad y leguaje… Las datos recabados con la entrevista, el formulario y la propia observación, permitirán conseguir un método individualizado para cada niño o niña, empezando por las pautas más adecuadas para facilitar el proceso de adaptación.
  • La colaboración familia/escuela es fundamental: se recomienda a los padres y madres que (especialmente durante este período) dediquen un tiempo extra a las necesidades del peque y compartan sus impresiones con sus educadoras, de la misma forma que desde el centro se informará de todas las actividades que se lleven a cabo en el centro.

Con los niños y niñas

Tras preparar y decorar el centro para el comienzo del curso, recibimos al nuevo alumnado junto a sus familias para que conozcan el lugar en el que van a aprender y conocer un montón de personas en los próximos años. Superada esta fase:

  • Planificaremos una entrada escalonada. La integración será gradual y con horario flexible, de esta forma evitaremos aglomeraciones y podremos dedicar a cada niño o niña y los suyos el tiempo que sea necesario, para informar sobre el progreso, hacer recomendaciones, etc.
  • Es preferible comenzar con cortos períodos de tiempo (máximo media hora los primeros días) e incluso con una figura de apego cercana (padre, madre…), para continuar en días siguientes ya en solitario y aumentando paulatinamente el tiempo en el centro.
  • No podemos olvidar que cada niño o niña tiene sus propios tiempos, pero aún así no es aconsejable prolongar las despedidas demasiado, puesto que así se estará transmitiendo confianza en el centro y la idea de que la decisión es buena para los peques.
  • Progresivamente iremos enseñándole las distintas dependencias del centro para que vaya desarrollando seguridad y confianza en la escuela. Hay que empezar a asumir la separación asumiendo la autonomía del niño o niña.
  • Es aconsejable que durante los primeros días lleven un juguete u objeto por el que sientan especial apego, será su nexo de unión con su hogar y ayudará a que los peques se sientan tranquilos.
  • Los primeros días deberían ser su padre y su madre los que los fueran a llevar y recoger al cole y, sobre todo, que respeten los tiempos escolares, cosa que evitará la sensación de abandono y hará que se acostumbren antes.
  • Ayuda bastante adoptar actitudes positivas respecto a la escuela infantil comentando lo bien que lo van a pasar, los amigos y amigas que van a hacer… Y por supuesto, habrá que evitar comentarios y actitudes negativas del tipo “prepárate como hagas eso en el cole”, no solo no suelen ser ciertas si no que además no ayuda a solucionar las conductas que se pretenden evitar en ese momento.
  • Los aspectos evolutivos de los peques deben ser coordinados por las educadoras y los progenitores sin tratar de alcanzar grandes logros.
  • Es conveniente que el niño o niña participe en la preparación del material para ir a la escuela (toallitas, pañales, merienda…).

Personal educativo

Por su parte el personal de la escuela tratará de que todos estos preceptos se cumplan para que toda la labor que realizan con los niños y niñas en la escuela tenga continuidad fuera de la misma.

Obviamente, las educadoras también se tienen que adaptar a su nuevo alumnado y conocerlo, saber sus gustos y preferencias para desarrollar la forma de trabajar en el mejor ambiente ya desde el principio de curso.

En definitiva, es una época complicada para todo el mundo porque supone un montón de cambios y un proceso en el que tanto familias como los propios niños y niñas como sus educadoras se están conociendo, pero que con buena disposición por todas las partes acaba siendo un trámite bastante sencillo.

 

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