El curioso caso de la macetarra de Cativos Restollal

Aunque no podrán volver a jugar con ella como antes, su guitarra seguirá en el cole con los "Mirós".
Aunque no podrán volver a jugar con ella como antes, los «Mirós» seguirán con su guitarra.

Cativos Restollal es un cole especialmente concienciado con el medio ambiente, por eso de una forma u otra acaba realizando «talleres imposibles» para no tener que tirar nada. El caso que os contamos hoy es especialmente curioso, ya que esta vez han sido los propios niños y niñas los motores del taller de manualidades.

La famosa macetarra.
La famosa macetarra.

Todo empezó cuando una de las guitarras de la clase de los «Mirós», amantes de la música como su apasionada profe, se rompió de forma que ya no era seguro contar con ella en el aula. Los peques entendían que ya no podrían seguir jugando con ella como hasta ahora, pero el final que le esperaba a su instrumento tampoco era ni mucho menos de su agrado. Por eso sus profes, entendiendo la sensibilidad del asunto, propusieron un desenlace alternativo para su amado instrumento: ¡desde ahora sería una macetarra!

¡Oh la tierra!
¡Oh la tierra!

Lógicamente a todos les pareció fantástico, así que con la ayuda de una sierra especial se cortó una mitad de la caja de la guitarra para que esta clase de 2 años pudiese ponerse manos a la obra. Por supuesto rellenaron la macetarra de tierra (y de paso se embadurnaron un poco que al fin y al cabo es divertidísimo) y aprovecharon unas semillas de calabaza que habían germinado previamente en otra maceta para traspasarlas al que será su nuevo hogar.

Finalmente y tras le feliz desenlace, la clase de los «Mirós» está convencida de que a lo largo del curso podrán reciclar unos cuantos juguetes más, aprendiendo de paso una valiosísima lección: antes de tirar, reciclar.

Estas lechugas tienen los días contados.
Esto va a ser una ensalada.

Precisamente por eso y aprovechando unos restos de madera que había dejado el carpintero han construido también un cajón para plantar sus lechugas. Solo con un martillo y clavos, y recordando hacer unos agujeros en la base, nuestros peques ya se podían poner otra vez manos a la obra: rellenaron su nuevo cajón de tierra, plantaron sus lechugas y obviamente las regaron. Ahora solo queda esperar para poder comerse una deliciosa ensalada. Mientras tanto, seguirán discurriendo ingeniosas soluciones para preservar el medio ambiente y de paso no tener que deshacerse de sus juguetes favoritos.

 

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